miércoles, 9 de noviembre de 2016

Perdón por Trump.

Desde que Donald Trump era precandidato, cada que conversaba con algún norteamericano blanco o cuando veía a standuperos de ese país, la constante era pedir “perdón por Trump”. En mis adentros pensaba “Trump no se hizo sólo, lo están permitiendo ustedes”. Durante la campaña noté lo que denomino el “efecto Fox”: cuando Vicente Fox era candidato, cada burrada que hacía, cada ataque o descalificación que recibía, lejos de perjudicarlo lo hacía más fuerte, los mexicanos lo percibimos como “alguien del pueblo” un ciudadano y no un político y eso lo llevó a la victoria. Con Trump eso sucedió: mientras Hillary traía el desgaste (y la experiencia) de ser política por más de 30 años (como Trump no se cansó de señalar), Donald era un empresario que podría traer una visión distinta al gobierno que efectivamente tuvo los tropeizos propios de una gestión de 8 años que tivo que lidiar con la crisis hipotecaria y al evidenciar su falta de preparación, su falta de tacto y su discurso incendiario sus enemigos sólo conseguían el “efecto Fox”. En las últimas semanas se le tachó de misógino y fue la única vez donde realmente pensé que no iba a ganar. Pero si hacemos caso a las encuestas, para entonces el 60 % de los votantes ya había decidido por quién votar, así que su misoginia poco o nada hizo.

Finalmente sabemos el resultado y ahora las palabras de esos norteamericanos toman un nuevo sentido “perdón, pero lo vamos a hacer aunque el resto del mundo se vaya al carajo”, “perdón pero estamos hartos de lidiar con ustedes”, “perdón pero necesitamos una mano dura, un racista, xenófobo y misógino en el poder”…“perdón por Trump”.

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