martes, 19 de julio de 2016

Ms. Marvel.


Este post está dedicado a la hermana de Yun, hoy que cumple años. Felicidades.

Cuando una extraña niebla terrígena cayó sobre la ciudad de Jersey, Kamala Khan recibió poderes polimórficos. Usando sus nuevas habilidades para pelear contra el mal y proteger Jersey se convirtió en la completamente nueva Ms. Marvel.

Aparentemente no había nada que me atrajera de este comic. Escrito por una escritora desconocida para mi (G. Willow Wilson) y dirigido evidentemente a la minoría musulmana, la protagonista es una niña con un traje horrible, cuyo genérico poder la deforma; su mancuerna con Spider-Man durante el preludio a Spider-Verse me pareció una historia bien “Meh”. Es el típico título que dejaría pasar. No obstante mi mejor amiga está casada con un musulmán, Ms Marvel acaba de ser nombrada Vengadora, y la protagonista es una niña, precisamente en un momento en donde Vale está interesada en personajes femeninos que representen el real girl power. Por esas tres razones, cuando apareció el nuevo título, resultado de Secret War, empecé a comprarlo para “darle una rápida leída y ver que no tiene contenido inapropiado” y pasárselo a mi hija.

Creo que ella leyó los tres primeros comics y lo dejó porque “Kamala no es lo suficientemente superheroica”, ya que efectivamente un 70% del comic se la pasa haciendo cosas mundanas como sufriendo por su ex novio, conviviendo con gente de su escuela y asistiendo a la planeación de bodas. Es precisamente esto lo que me ha enganchado y ahora lo compro para mí.

Si Stan Lee hubiera desarrollado la Marvel Age en este siglo, Kamala hubiera sido su Spider-Man: una adolescente representante de una minoría que trata de equilibrar su vida de superhéroe con las vivencias propias de su edad, en un comic que está rompiendo la misma cantidad de paradigmas que “the Amazing Spider-Man” rompió en los 60. Porque no nos engañemos, si bien Ultimate Spider-Man llegó 16 años antes, Bendis quiere hacer pasar por “inteligente” páginas y páginas de diálogo hueco en donde todos los personajes suenan igual. Y en su pequeño universo contenido era malo pero inofensivo, en cuanto saltó al Universo 616, arruinó a los X-Men, al Cap, y a otros personajes que empezaron a sonar igual de huecos y repetitivos. Pero desvarío.

La maravilla de G. Willow Wilson es que escribe una historia divertida cada número, que muestra un pequeño fragmento de la cultura árabe y que conecta con un mapa mayor. No hay una línea de diálogo sobrante, a menos que contemos a las palabras que los clones (si, clones) de Ms. Marvel dicen. Las referencias a la religión o a matrimonios del mismo sexo no son tan “in your face, sucker!” como las de Slott (que de plano tuvo que precisamente retratar una boda homosexual por si había duda), y las situaciones fluyen y se construyen orgánicamente: Kamala es una niña con poderes que va a la secundaria y que además es musulmana, un hecho que no nos tiene que recalcar a cada paso: con pequeños detalles aquí y allá Wilson logra hacer su cultura entendible y agradable para los que somos ajenos a ella.

El dibujo, que varía entre Takeshi Miyazawa, Adrian Alphona y Nico Leon no es el estilo que en lo personal más disfrute, pero es agradable y varias veces me ha recordado libros de cuentos infantiles, entonces tampoco está mal.

Créanme marvelitas. Si sólo van a comprar un título este año, que sea éste. No se arrepentirán.