jueves, 14 de julio de 2016

Impossible is nothing.


“You, me, or nobody is gonna hit as hard as life, but it ain’t about how hard you hit, it’s about how hard you can get hit and keep moving forward, how much you can take and keep moving forward. That’s how winning is done”.

Cuando yo era joven, mi papá un día le echó bronca a un microbusero. No recuerdo el motivo, sólo recuerdo que mi papá se bajó del coche y empezó patear el microbús. Yo evidentemente temí que el chofer se bajara y se armara la de Dios es Padre, pero no. El microbusero aceleró y pronto puso pies en polvorosa. Cuento esto porque mi padre siempre ha sido un toro. Un hombre que desde su juventud corrió, boxeaba, nadaba, toreó vaquillas y hacía todo tipo de deportes, tras lo cual generalmente se sentaba a beber y a comer como si no hubiera mañana, no puede sino tener una fuerza física impresionante.

Dicen que un momento triste en la vida de los hijos es darte cuenta cuando puedes superar a tu padre. Para mi ese momento llegó ya tarde en mi vida, porque siempre fui debilucho. Ahora que mi padre ha recaído en su enfermedad, el linfoma, he pensado en todo esto. El día del padre mi papá ingresó a urgencias, por un dolor agudo en el pecho, que más tarde supimos no era de consecuencia inmediata grave, pero sólo así volvió a hacerse estudios (aún cuando, supe después, llevaba dos semanas sintiéndose mal y sin apetito) y descubrimos que la enfermedad había regresado más aguda. Como consecuencia de ello para el viernes siguiente la hemoglobina, que según me dicen normalmente es 16, la tenía en 3 y para el sábado lo tuvieron que ingresar a terapia intensiva porque la poca oxigenación cerebral lo hacía ver todo tipo de alucinaciones y tener una angustia que sólo lo estaba lastimando.

Toda la siguiente semana estuvo sedado y entubado, la apuesta era que la quimio y las transfusiones hicieran efectos y el nivel de hemoglobina subiera, antes de que le viniera un paro cardiaco o respiratorio que podía volverlo un vegetal o de plano matarlo. Durante ese tiempo mi hermana que es doctora estuvo al pie del cañón y yo hice lo único que podía hacer, buscar donadores de sangre y visitar lo más constante posible. El domingo internamente me despedí de él, porque fue el peor día. Mi hija le escribió un poema, una de las piezas más admirables, no porque lo haya hecho ella, sino porque me permitió ver cómo perciben las personas a mi padre, con quien he de reconocer, no siempre tuve la mejor relación.

Pero poco a poco, los indicadores de su salud empezaron a elevarse, la hemoglobina se estabilizó en 8-9 y eventualmente fue tiempo de irlo despertando. Los siguientes días lo pasaron a terapia media y el riesgo entonces era que por la entubada desarrollara neumonía, por lo que mi hermana y mi madre le rogaban que hiciera sus ejercicios de fortalecimiento del pulmón y probara bocado (para entonces llevaba 3 semanas sin comer). Alguna vez comparé a mi padre con Hulk y lo es: su carácter berrinchudo lo hicieron empezar a despotricar contra el personal del hospital, porque él lo que quería era irse a casa, aunque no podía siquiera sostenerse en pie tras dos semanas en cama. Muy a pesar de los doctores y firmando una liberatoria de responsabilidad de por medio, la semana pasada mi papá se fue a su casa, sin aún poder moverse por si mismo. Apenas llegó a la casa, auxiliado por un enfermero, tuvo que reconocer que él, un hombre de acción de más de 90 kilos, no podía siquiera sostenerse en pie.

Para entonces la quimio empezaba a hacer estragos y la boca se le llenó de llagas, por lo que siguió sin probar bocado este fin de semana y sin hacer ejercicios respiratorios, aunque ya aceptó que le dieran percusiones en la espalda para liberar los pulmones, aún así yo veía la vida de mi padre sostenida por alfileres: si no era el corazón, había riesgo de neumonía y todo el largo esfuerzo de doctores y familiares se iba a ir al carajo. Adicionalmente, él ha dicho que no se vuelve a internar, por lo que mi temor era que más temprano que tarde tuviéramos que decidir qué hacer con él: llevarlo contra su voluntad o dejarlo en manos de Dios. Ayer, toda esta surrealista historia ha tenido otro emocionante capítulo: tras caminar unos pasos, mi padre decidió que era tiempo de subir la escalera para instalarse en su cuarto. Y si, con un poco de ayuda y deteniéndose a descansar dos veces, pero el hombre subió por su propio pie. Un ascenso que a mi me recordó cuando Rocky (que ahora en “Creed” sufre una enfermedad muy similar a la de mi padre) subió las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia y cuando acabó le dije que era un “Champ”.

Impossible is nothing.