lunes, 9 de mayo de 2016

De fina Estampa.

El siguiente es el prólogo que preparé para el libro "de Fina Estampa", escrito por mi padre sobre la vida de mi abuelo, presentado el pasado 7 de mayo en Orizaba, Veracruz:


Si la historia se divide en lo no-escrito (prehistoria) y lo documentado, la historia de la familia Reyes (la historia en estas páginas, por lo menos) inicia unas tres generaciones atrás y comienza con Don Feliciano Quirós, inmigrante a Costa Rica, arduo trabajador que logró amasar una fortuna. Su historia es tan interesante como la de todos los “personajes” (gente real) que es mencionada en mayor o menor medida en este libro, el cual pretende explicar, a partir de Don Teodoro Reyes -padre del autor- lo que fue, ha sido y será la rama de la familia Reyes radicada en México, la cual tiene sus orígenes en Costa Rica, antes en Europa y anteriormente…(?).

El lector encontrará en el presente a dos Teodoros: la “figura histórica”, con los datos duros que mi padre recabó durante varios años, y el “personaje de novela”, esas anécdotas que el autor fue imaginando a partir de la época relatada, de la música, la moda, la dieta de esos años. Seguramente muchas historias mi padre las escuchó de boca de su padre o sus hermanos. Yo he crecido con algunas y con muchas otras relatadas en el otro libro del autor: “Ensayo de toreros, matadores, espadas, diestros, maestros, toreadores, figuras…”(2011)-que aunque su nombre indique otra cosa es un relato muy íntimo y personal de la vida de mi padre-; pero había muchos datos que desconocía, incluso de las generaciones más recientes, los hijos y los nietos de Don Teodoro.

Desafortunadamente mi abuelo falleció cuando yo tenía 4 años y casi no conviví con él, por lo que me resulta fascinante el retrato de la personalidad que mi padre plasmó en esta obra. En estas páginas además, reconocí en Teodoro, la figura histórica, a mi propio padre y a mí, hay herencias que van más allá de la sangre; a manera de ejemplo: de mi padre aprendí el gusto por el box, gusto que él adquirió de su padre. Recientemente he comprado el primer par de guantes a mi hijo Alan que hoy tiene 5 años. Algún día, si hago las cosas bien, tal vez él heredará los suyos a sus hijos. Sabía de la vida de campo de mi abuelo, pero desconocía que él fue el primer aficionado a los toros, gusto que mi padre adquirió como una pasión. En mi caso no es una afición arraigada, pero a partir de leer las anécdotas de mi abuelo y mi padre reconozco en mí el mismo tipo de obsesión que ellos han tenido por sus gustos personales.

Cabe resaltar la estructura temporal del relato: mi padre fue entrelazando al Teodoro “bachelor” con el Teodoro que en pocos años ha madurado y está resuelto a casarse con Socorrito, mi abuela, a quien si tuve la dicha de tratar más años y a quien identifiqué en la descripción que el autor hace de ella. Paralelamente, encontramos entrelazadas la historia de sus padres, la historia de la familia Contreras y la historia de Don Feliciano Quirós. El uso de esa estructura nos hace entender las decisiones y eventos de vida con mayor amplitud.

Uno de los primeros pasajes relatados en la obra es el viaje de Teodoro a New York para realizar sus estudios de bachelor. ¿Qué diría el abuelo de saber que uno de sus nietos vive y está trabajando en dicha ciudad? Tal vez, Milton, el nieto al que me refiero, encontró en la historia de Teodoro la inspiración para mudarse. Hace años tuve la oportunidad de ir a dicha ciudad con mis padres y este libro me reveló lo que mi padre buscaba en sus calles: los sitios que marcaron el paso de Don Teodoro por la gran manzana. A su vez Valentina, mi hija es una gran fanática de esta ciudad y tal vez en unos años pise las aulas que frecuentó Teodoro en sus años de juventud.

La segunda parte de la obra cuenta la vida de familia del otrora aventurero: una vida resumida en trabajo y amor por su esposa y por sus hijos. Las fechas, los escenarios (como la “blanca noche” de Orizaba) y las canciones enriquecen esos relatos y de inmediato me transportaron a las ciudades que conocí e incluso a canciones que yo escuché en la infancia en casa (y me explican los gustos musicales tan eclécticos de mi padre). Al ser una etapa que el autor vivió en carne propia, el relato se vuelve más autobiográfico, por ello no menos cargado de emociones, como un cariño por sus hermanos y cuñados. Esta parte será interesante para los parientes costarricenses, al leer descripciones sobre los lugares de México en que la familia dejó huella.

Todas estas facetas de Teodoro que plasma mi padre denotan la profunda admiración y el amor que tiene por su padre y por su familia en general, amor que nos ha transmitido y es través de este relato que conocemos la estatura y personalidad de ambos hombres: “así que, por sus frutos los conoceréis”. Ambos tienen muchos. Éste libro es un fruto más de los dos.

-Fermín Reyes