sábado, 30 de abril de 2016

Civil War.


"Sometimes I wanna punch you in your perfect teeth."

Uno de los comics mejor vendidos de Marvel es Civil War, ideada por Mark Millar y retomando un concepto creado para los X-Men: la “Mutant Registration Act”, convertida en “Superheroe Registration Act”, una propuesta de Ley que llega para dividir a los superhéroes en dos bandos: los pro-registro, lidereados por Tony Stark y los anti-registro, comandados por el héroe de las libertades Capitán America. En su momento analicé desde el punto de vista legal la viabilidad de la Mutant Registration Act (¿naciste con el gen mutante? te aplica) y la inviabilidad de la Super Human Registration Act (¿quién califica como superhéroe? ¿Punisher no es lo mismo que un soldado? Si le aplica todos los soldados deberían incluirse). Tal vez por esta situación es que el detonante de la peli son los “Acuerdos de Sokovia”, un tratado internacional administrado por la ONU que básicamente busca controlar, sancionar y autorizar las actividades de los Avengers. Ya no regulamos al sujeto, regulamos la actividad de una organización anteriormente privada (si no contamos que en el movieverse fue concebida y orquestrada por Nick Fury), una idea más realista en el mundo actual.

Pero más allá del formato de la norma atacada, la idea central de la historia es confrontar a dos facciones, como ya dije encabezadas por Tony y Steve. La peli arranca muy bien, con dos detalles que me gustaron mucho: por un lado el Redwing de Falcon, que al igual que el Jarvis de Tony, ha dejado de ser un ser vivo (un halcón) y ahora es un super drone que lo mismo sirve para espiar que como ataque en avanzado del fiel compañero de Cap. Y Crossbones, uno de mis villanos favoritos de Captain America cuyo look es impresionante y mortífero, lástima que al parecer no veremos más de él.

Conforme la peli avanza, se hace evidente el porqué esta formación de Avengers requiere controles: Wanda es una fuerza de la naturaleza que desafortunadamente es inexperta y causa un accidente mortal, lo cual, aunado al remordimiento de Stark por las muertes en Sokovia lleva a la escena difundida en los trailers con el general Ross. Un incipiente alcoholismo, ansiedad, culpa, hasta ahora Tony es el personaje con más matices de todo el Movieverse y es un acierto que sea la espina dorsal. La escena temprana en el MIT me pareció fuera de lugar hasta la última parte de la película en que todo toma sentido, aún así es impresionante ver a un rejuvenecido Robert Downey via computadora.

Más que los Acuerdos de Sokovia, el motor principal de la película es la desmedida lealtad de Steve hacia Bucky: culpado éste de un ataque a la sede de la ONU en donde el Rey de Wakanda es asesinado, Rogers se dedica a protegerlo, primero contra un vengativo Black Panther (probablemente el personaje más unidimensional de la película) y posteriormente en contra de todos los Vengadores. Cuando una persecución culmina en la detención de Bucky, Rogers y sus amigos, vemos por fin al villano de la película: Zemo, que en esta versión es poco menos que un villano de James Bond, pero eso si, con recursos ilimitados, como acceso a información privilegiada, dinero para crear bombas, pulsos electromagnéticos y viajar por todo el globo terráqueo, aptitudes para personificar a otros que Ethan Hunt envidiaría y una capacidad de anticiparse a las reacciones que el MI-6, la policía de Berlín y Tony Stark van a tener, digno de algún viajero en el tiempo.

Zemo es el villano peor adaptado y francamente creo que desperdiciaron el nombre y al personaje. En la cinta logra el objetivo de enfrentar a los héroes, que mágicamente tienen millas ilimitadas para viajar desde América a Berlin con sólo un brinco de escena y localizar a un Steve en el estacionamiento del aeropuerto.

En uno de esos brincos continentales, Tony recluta a Peter Parker. Cuando vi a Spidey en los cortos sinceramente lo odié, pero en la cinta me ganó desde el momento en que resuelven una de mis grandes quejas con las pelis de Sam Raimi: tal y como nos relata su origen Stan Lee, el traje original de Spidey debería ser una porquería y efectivamente lo es, hasta que Tony le da un upgrade. Esta sencilla explicación me hizo sacar mi primer sonrisa de la noche y decir “gracias, santo Kevin Feige por los favores recibidos”. Lo que sigue me hizo sonreír aún más y no fui el único, la sala en la que estaba gritó, aplaudió y se emocionó con la batalla entre los héroes en el aeropuerto. Sabemos quiénes son, sabemos cómo actúan, mil veces en nuestra mente hemos llenado los huecos y la acción que vemos plasmadas en las historietas. Por eso es tan estúpidamente emocionante verlos en una batalla tan bellamente filmada: es una orquesta perfecta, en donde cada superhéroe reacciona y actúa como lo debería hacer. Una de mis acompañantes me dijo que le resultó molesto que Spidey hablara tanto, lo cual más que una crítica me parece un logro: Spidey debe ser molesto, debe distraer, pero también debe ser el más perseverante ante una situación adversa. Spider-Man es el novato, el niño y varias veces cae y se levanta a seguir peleando, si bien por una motivación mal fundamentada, culpa directa de Straczinsky y su arc en Civil War (¿Qué carajos tiene que ver “salvar inocentes” con darle en la madre a Steve Rogers?), pero esta escena (y Mamita Tomei) me hizo querer ver “Homecoming” ¡ya!

Otra cosa maravillosa es la relación Vision-Wanda que vemos en esta cinta: hay tanta atracción que el androide “se distrae” y termina hiriendo fatalmente a War Machine, acto cuyas consecuencias espero sean exploradas en una futura cinta: la guerrita tiene consecuencias serias y no pueden, o no deberían, perdonarse con un apretón de manos final entre superhéroes.

Llegamos así a la última media de película que francamente me decepcionó: desde el cautiverio en the Raft, una prisión en altamar tan super avanzada que Stark extrae información de Falcon sin que Ross pueda detenerlos, hasta la revelación del verdadero plan de Zemo (por un momento pensé que los soldados del invierno congelados en Siberia iban a dar paso a the Winter Guard, esa respuesta rusa a los Avengers extraída de las páginas de Hulk, pero no: oportunidad de oro desperdiciada. Shame on you, Marvel); y lo peor y que nos regresa a la escena en el MIT: la revelación de que Bucky asesinó a los padres de Tony, ese tipo de “happy coincidences” que tanto odio en una historia y que me ha arruinado el gusto por cosas como “Spectre” de James Bond.

Ahora, Batman V Superman se vale de una happy coincidence para terminar el conflicto entre los héroes: el “ella se llamaba Martha”, pero es una coincidencia que lleva 75 años siendo canon y de la cual David Goyer se vale para aterrizar a los héroes. En Civil War el guión se vale de este recurso barato para escalar la violencia entre los héroes y de paso destruir aún más la reputación de Bucky. Mucho control mental, pero hay cosas que simple y sencillamente no pueden perdonarse y no veo a Tony cooperando con Winter Soldier en un futuro cercano, si algo de credibilidad podemos darle a estas cintas.

Tras humillar a Tony al propinarle semejante paliza, Steve se va sin escudo (“lo fabricó mi padre”, grita Tony), rescata a todos los héroes de the Raft, prisión en alta mar pero por lo visto de muy muy fácil acceso y manda una cartita con besitos y caritas felices a Tony con lo cual hacen las paces y todos son muy felices.

Y los Acuerdos de Sokovia no se vuelven a mencionar, nadie aprende nada de los peligros de dejar pasar a seres que apenas hace una hora eran considerados “igual de letales que una bomba nuclear” y nadie se preocupa porque un viudito sea capaz de poner en jaque no sólo a los héroes, sino al planeta entero, en un mundo ficticio que se asemeja cada vez más al nuestro.

Si, el comic de Civil War parte de una ley absurda y hace a los personajes comportarse como machos descerebrados, pero quitando las hermosas batallas y los momentos cómicos y divertidos, Civil War, la película no hace un papel mucho mejor.