viernes, 21 de febrero de 2014

Robocop

En 1987 mi padre me llevó a ver una peli cuyo póster llamaba poderosamente mi atención: en él se mostraba a un cyborg bajando de un auto de policía. En su armadura se mezclaban los colores azul-rojo de la sirena.

La peli, cargada de violencia, tuvo dos efectos en mi: por un lado todas las escenas quedaron grabadas en mi preadolescente cerebro y las recreé una y otra vez en los meses subsecuentes volviéndome fan instantáneo del personaje y por otro, me hicieron descubrir esos filmes llamados blockbusters que pronto consumiría por mi cuenta ( estamos hablando de 2 años antes de "Batman" de Tim Burton, 5 de "Terminator 2" de James Cameron). Tuve pocos juegos de Nintendo, pero uno que jugué hasta el hartazgo en las consolas de moda de la época fue precisamente RoboCop. Un par de años después descubrí las caricaturas, las figuras de acción con todo y cartuchitos de polvora que se le colocaban en la espalda; la secuela de Frank Miller, cuyo discurso distrae de la acción y...como todo el mundo, fue la tercera parte la que me alejó mucho tiempo del personaje. 

Hace un par de años Sony anunció que reiniciaría la franquicia y aunque originalmente odié el nuevo diseño del traje, especialmente por el color negro, siempre estuve espectante. 

Ayer por fin me decidí a poner en riesgo mis recuerdos del impacto de la primera peli y vi esta nueva versión. 

De entrada, los efectos especiales que evidentemente han mejorado a más de 20 años de la original, no hacen mucho más por su público, si acaso la escena en OCP con los Ed-209 se vuelve más espectacular que cuando superponían miniaturas a las escenas como recurso. Pero otros intentos, como "desnudar" a RoboCop y mostrarnos lo que ha quedado de Alex Murphy bajo el chasis, me parecieron grotescos nivel "cena de Hannibal" y que poco o nada aportan a la trama.

El cambio más radical es que Alex nunca muere y como tal jamás termina de volverse un "producto de la malvada corporación"; este Alex Murphy es más parecido a los veteranos de guerra que vuelven a casa con heridas graves. Su familia nunca lo abandona, como en la versión de 87, y más aún de inmediato aceptan que el esposo y padre ahora mide 2:30 metros, pesa 600 kilos  y es de un bello gris metálico. La presencia de la familia en un inicio me molestó, pero después y considerando este tratamiento del personsje, terminé acepándola: siempre nos quejamos de que a nuestros héroes los dejan sin familia, el que Murphy tenga una es algo refrescante. 

Extrañaré a la oficial que reconoce a su compañero bajo el visor: en esta peli, Michael K. Williams reemplaza a la ultra-sexy Nancy Allen como Lewis y la fidelidad por Murphy se refleja de forma distinta que la tensión sexual de las pelis ochenteras, tal vez por la presencia preponderante de Clara Murphy, la bellísima esposa interpretada por Abbie Cornish, una guera espectacular, aunque tal vez la actuación más acartonada. 

Gary Oldman y Michael Keaton, aunque estupendos en sus papeles, interpretan a personajes no tan bien logrados; los ejecutivos en la versión de 87 eran la suma de todos los males: codicia, lujuria, envidia, parecían un recuento de los 7 pecados capitales. En cambio, el Dr. Dennett y Raymond Sellers se mueven en áreas grises como para que uno sienta empatía o rechazo por ellos. Cosa distinta de Jackie Earle Haley, que interpreta a un mercenario que es un auténtico H de P. 

Un elemento memorable de la trilogía anterior es la presencia de clips de noticieros contextualizando un futuro dominado por corporaciones y guerras civiles. En esta nueva versión, Samuel Jackson interpreta a un presentador, parecido a O'Reilly que tiene gran interés en que una ley prohibiendo el uso de robots en territorio de EUA sea derogada. Es tal vez lo más molesto del filme, pues sus largos segmentos retrasan la acción y en ocasiones se ve fuera de lugar.

La escena inicial en Teherán no aporta nada a la trama, sólo distrae y sus consecuencias no vuelven a mencionarse. Tal vez en alguna secuela veremos un Detroit en donde los cateos realizados por robots son la nueva forma de la NSA de meterse con el pueblo americano. 

Fui muy fan del RoboCop de los 80 y ninguna versión me dejará convencido ( a menos que rejuvenezcan a Peter Weller y lo metan en exactamente la misma armadura plateada), pero por lo menos esta peli promete revitalizar al personaje y presentar a un Murphy cuyo dilema existencial no es más "¿hombre o robot?", "¿humano o producto?" (sabrá Dios cuál es). En esta época post 9-11 , donde los gobiernos invaden la privacidad de sus ciudadanos, predicar los males de las multinacionales puede esperar. 

2 comentarios:

Pa Monsreal dijo...

Igual la quiero ver. Fui medio fan en los 80's. No clavada pero si gustoza.
Gracias por la reseña!

demonitosyotrosprimates dijo...

La critica se dividió, hay quien dice que toda la sátira de la original se perdió, mientras que también dicen que por el contrario llevan todo a un nuevo nivel, lo que ambas coinciden es que el final queda a deber.

Por cierto ¿Que clase de padre lleva a un niño a una pelicula para mayores de 18 años?