martes, 11 de septiembre de 2012

ANOCHECE

Anochece, en la caverna se apaga la lámpara de aceite y los rostros curtidos por el sol miran al cielo. Esperando, esperando. Los niños se abrazan a las rodillas de sus padres. Los ancianos se recuestan en el suelo, pero no hallan paz.

Empieza como un rugido, al principio inaudible aumentando, aumentando hasta que el suelo vibra y la caverna completa parece estremecerse. Los rostros se iluminan y observan la luz. Los destellos son tan hermosos al ir descendiendo, casi mágicos. Como un centenar de luciérnagas en picada. Los rostros observan la luz temerosos pues el zumbido aumenta con la luz hasta hacer inaudibles los motores y luego la luz se extingue para reaparecer más abajo, en la tierra junto con una ráfaga de fuego, caos y destrucción. Y los ojos en los rostros se cierran y los rostros se llenan de cenizas y polvo y se queman con el vapor letal que despide la explosión. Los que estaban a la entrada de la caverna quedarán ciegos por las cenizas incandescentes y los oídos de todos se han saturado con el sonido del estallido y los niños quedarán sordos.

Los corazones se convulsionan y los viejos se llevan la mano a los ojos y se secan las lágrimas. Y la gente grita pero solo se oye el rugido de los motores y el ordenado estallido de los proyectiles.


Ahí donde había una casa quedan escombros. Donde antes estaba una choza queda un cráter. Los rostros oran en voz alta pero solo Alá los escucha en medio del caos y la confusión.

Toda la noche continuara el estallido.

Anochece y el mundo se llena de sombras.

 

                                                                                     -Fermín Reyes.

                                                                                     IN MEMORIAM