sábado, 27 de octubre de 2012

“Spider-Man: Turn off the Dark.”

Desde que anunciaron el musical de Broadway
basado en mi superhéroe favorito, era cuestión de
tiempo para que organizara un viaje para verlo.

No es la primera vez que muevo mar y tierra para acudir a una representación de Spider-Man fuera de los comics: por suerte o por destino, mi padre tuvo un viaje de trabajo a Miami meses después de que me enterara que en Orlando existía una Island of Adventure dedicada a personajes Marvel. Sin idea de la distancia que existiría entre una ciudad y otra, como pude me colé al viaje, tomé un camión e hice un recorrido de mas de hora y media y estuve formado otro tanto, para subirme sólo un par de veces al juego de Spider-Man (en ese momento el ride tecnológicamente mas novedoso: combinando 3-D, efectos especiales y movimiento en una batalla contra los 6 siniestros); tras lo cual, esperé pacientemente la hora de regreso, mientras deambulaba sin deseo real de hacer otra cosa en ese parque de diversiones (en Universal me tocó ver un live-action de Ghostbusters que para cuando volví años después, había sido cancelado).

En octubre de 2010, un par de semanas antes del pre-estreno de “Spider-Man: Turn off the Dark” estuve por trabajo en la gran Manzana, ese desfase temporal me impidió ver en aquel momento la obra, aunque si tomarme un par de fotos afuera del teatro que anunciaba su inminente pretemporada ese noviembre.

Después las noticias eran poco alentadoras: el musical había tenido problemas técnicos, accidentes en el escenario y malas críticas. Su directora había renunciado y todo parecía indicar que la obra, con todo y sus mas de 60 millones de dólares gastados, terminaría por cancelarse antes de su estreno oficial, la primavera siguiente.

Para mayo de 2011, fecha original del opening night, cuando estaría a sólo millas de distancia de Nueva York y con la posibilidad de pasar el fin de semana en Manhattan, el estreno obra se había diferido hasta junio. Para hacer la espera mas insoportable, mis dos escritores favoritos, Peter David y Dan Slott, ambos estrechamente ligados al araña y uno conocedor de obras de teatro, hicieron reseñas positivas del espectáculo.

Finalmente, un par de pláticas con conocidos sobre las maravillas de la ciudad, terminaron por convencer a LaWife que nuestras siguientes vacaciones deberían ser en Nueva York. Secretamente, mi primer razón para definir la fecha fue poder ver el musical, después, la afición me llamó y decidí matar tres pájaros de un tiro: no sólo vería la obra, procuraría ir acudir a la postemporada de los Yankees (otro sueño frustrado de juventud) y ADEMÁS acudir a la NY Comic-Con (cómo logré que LaWife accediera a un viaje a todas luces planeado para satisfacer mi egoísmo no lo sé, pero hasta la fecha jura que ella se la pasó bien).

El 15 de octubre, un día después de concluida la Comic-Con, fue la fecha elegida para ver por fin la obra. En mi adolescencia fui fan de U2, finalmente me tocó el lanzamiento de “Achtung Baby”, el cual considero una obra maestra, y las giras “Zoo TV Tour” y “Pop”. Pero de entonces a ahora la calidad del grupo bajó considerablemente en trabajos comerciales y autocomplacientes: a lo mucho, “All you can’t leave behind” y “How to dismantle an atomic bomb” son discos mediocres y para mi una muestra de su decadencia es que sus últimas giras se volvieron un evento de sociales en México (artículos en la revista “Quién”, que lo mismo muestra a los socialités en el abierto mexicano de tenis que hace artículos sobre la corrupta clase política mexicana y los pinta como si fueran de la realeza, un asco).

Así que no esperaba mucho del score de Bono y the Edge (encima los cuates nunca pudieron definir en sus entrevistas el género de lo que a mi gusto es una opera-rock) y a decir verdad no es nada del otro mundo, pero funciona. Vaya que funciona.

El primer acto cuenta la historia de la transformación de Peter de un tímido nerd, cuya pasión por el mito de Aracné lo hace un “bicho” raro entre sus compañeros de secundaria. La única que parece interesada en sus soliloquios (y mas allá, en el orador) es la preciosa Mary Jane Watson.

Y es el primer momento que me cautivó de la obra: Aracné es aprovechada para presentar un número mas propio del Cirque Du Soleil, en donde largos listones se entretejen para formar una elaborada telaraña, y suspender a Aracné mientras interpreta la canción que será el mantra de la obra:
That you can rise above,
swing through the skies above
And you shall rise above
Yourself…

El elemento totémico, reminiscencia del infame run de Straczynski funciona muy bien aquí. Muerto el tío Ben (Peter y el ladrón nunca se encuentran antes de la muerte, la obra sacrifica el elemento mas importante del origen del héroe, en pos de tiempo para las canciones), la presencia de Aracné es la forma de guiar a Peter en los altibajos de su misión. “Knowledge is not wisdom” sustituye el “with great power…”

El momento de la obra que se me hizo magistral es el número titulado “No More”. En donde Peter y Mary Jane cada uno “desde su casa” cantan al unísono las tristezas de sus vidas y muestran como nunca antes esa fibra que hizo que la chica linda de la escuela se identificara con el inepto nerd: Mary Jane y Peter son almas solitarias y lados de la misma moneda.

“Bouncing off the walls” es una manera ingeniosa de mostrar la sorpresa de Peter la mañana siguiente de la picadura, más parecida a la “mañana siguiente” en la peli de Marc Webb.  

El primer acto culmina con Spidey balanceándose por la ciudad, mientras Norman Osborn, cuya personalidad es mas parecida al Otto Octavius de Spider-Man 2 (esposa incluida y sin Harry Osborn) sufre una transformación en un tipo verde, escamado y con alas (reminiscencia de Ultimate Spider-Man).

Cuando se anunció la obra, la parte mas controversial fueron los villanos: el cambio de apariencias, el uso de villanos “B” como Enjambre (Swarm), y sobretodo, un villano creado por Julie Taymor exprofeso para el musical (de un superhéroe con la galería de villanos mas nutrida después de Batman). Sin embargo, a partir del inicio del segundo acto la razón es aparente: los vilanos sólo serán comic relief, el escritor ya ha contado lo que quería decir en el primer acto.

Un divertido momento muestra a Green Goblin sentado en un piano en la azotea del Chrysler Building, contando chascarrillos a los espectadores, tras lo cual viene la inminente batalla entre Spidey y el villano, no sin antes haber acabado con la amenaza de los otros villanos y rescatado a Mary Jane. La obra hace gala de todo efecto de tramoya, desde cables para suspender a los actores alrededor del teatro, hasta una ciudad invertida que efectivamente da la ilusión de profundidad y adrenalina en el último acto. Pero lo que la hace realmente especial es la interpretación de Reeve Cartney como Peter Parker y la química entre éste y Rebecca Faulkenberry (MJ), que al final cuenta mas que los 60 millones de parafernalia (de hecho lo menos interesante llega a ser Spidey, tras un par de vueltas aéreas por el teatro, no hay mucho que hacer con él).

“Spider-Man: Turn off the dark” o el musical de Spider-Man, suena a una obra que solo un fanboy debería ir a ver. Pero al final la historia está cimentada en uno delos orígenes mas interesantes de los mitos actuales y cuenta con un reparto cuyas interpretaciones emocionan a todo tipo de público. La espera valió la pena.

1 comentario:

Riffke dijo...

Doc! Acá el Riffke! la Suscripción nomás no me avisa de sus updates, pero ya encontré mi barra de "favoritos"

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