lunes, 28 de mayo de 2012

Concurso Smallville: Una noche inolvidable


Por @Arrowete


Smallville nunca había tenido una noche tan estrellada. O por lo menos Jonathan Kent no podía recordar alguna similar. Era cierto, en Smallville las noches en general eran estrelladas a menos que hubiera mal clima, pero como esta, jamas. Estaba con la mirada fija en el cielo cuando escucho al pequeño Clark gritar.

- Pa. Ma dice que vengas a cenar, que ya esta todo listo.

- Ya voy hijo, ya voy, es que estoy mirando el cielo.

- ¿El cielo? ¿Que tiene de especial el cielo? Es el mismo cielo todas las noches.

- No hijo, no, mira, ven, ¿no notas nada extraño en el el día de hoy?

- Te soy sincero, no. No veo nada fuera de lo común.

- Fíjate bien. Mira. Hoy hay mas estrellas que de costumbre. ¿Ves esa estrella grande y azul? Esa normalmente no la vemos por aquí. ¿Y ves esas tres que se encuentran a la derecha? Pues esas nunca las había visto.

- Es cierto, y mira, aquí a la izquierda hay dos o tres que no recuerdo haber visto.



Estaban tan entusiasmados viendo las estrellas, que no escucharon a Martha cuando los llamo, no una, ni dos, sino tres veces a cenar y no fue hasta que salió con la cuchara de servir en la mano y les pregunto que era lo que estaba sucediendo que no decidieron entrar a cenar. Mas noche, cuando Clark ya estaba durmiendo y ellos estaban alistándose para lo mismo Jonathan le comento a Martha cuanto disfrutaba platicar con Clark, pasar el tiempo con el, ya fuera en el campo o como ahora, viendo las estrellas.

- A mi también me gusta que pases tiempo con el- le dijo Martha. - Estoy segura que de seguir con ese ejemplo el será un hombre de bien.



Al día siguiente Clark sintió algo extraño al ingresar a la escuela. Todos os alumnos se veían demasiado contentos, como si algo maravilloso hubiera pasado. Clark estaba intentando imaginarse que era lo que sucedía cuando Pete, su mejor amigo llego corriendo a contarle.

- ¡A llegado una feria a la ciudad!

- ¿Una feria? ¿Que es eso? Pregunto Clark.

- Yo tampoco lo se del todo. He oído decir a algunos mas grandes que es algo increíble. Que hay maquinas que te hacen volar, y juegos donde puedes ganar premios, y espectáculos de seres de otros planetas.

¿Maquinas que te hacen volar? ¿Seres de otros planetas? ¿Sería cierto todo esto que contaba Pete? se quedo pensando Clark.

- Y, ¿Donde dices exactamente que se encuentra esta, faria?

- Feria, se llama feria, dijo el. Y se encuentra a las afueras. Y solo va a estar este fin de semana.

- ¿Solo este fin de semana? Espero que mi papa quiera ir, no puedo esperar a subirme a una maquina que me haga volar.

- Yo también, dijo Pete. Yo también.



Al llegar a su casa, Clark entro corriendo a contarle la buena noticia a su papa.

- Papa, papa, ¿te has enterado? Una feria ha llegado a la ciudad, papa, ¡Una feria! Y hay hombres del espacio, y maquinas voladoras y..., muchas otras cosas mas papa.

- Si hijo, se perfectamente lo que es una feria. No creas, en mi tiempo yo también llegue a ir a una o dos.

- ¿Si? ¿Y como es? ¿En verdad hay extraterrestres y maquinas voladoras?

- Maquinas voladoras si. Extraterrestres no. Ha veces hay espectáculos de cosas extrañas de la naturaleza como vacas con dos cabezas o cosas por el estilo, pero tanto como seres de otro planeta, lo dudo mucho hijo.

Clark se desanimo un poco. Tenía el sueño de conocer a un hombre verde, como los de las historietas.

- Pero no pongas esa cara hijo. Hay muchas otras cosas que hacer en la feria. Si quieres ve a hablar con Pete y si su papa le da permiso iremos los tres a la feria cuando añochezca.

- ¡Excelente! En este momento voy a avisarle a Pete. Y salio corriendo.

Martha que había estado escuchando todo desde la cocina le advirtió a Jonathan que no quería que Clark viera a vacas de dos cabezas. Que si iban a ir a la feria seria a comerse un algodón de azúcar o a subirse en la rueda de la fortuna. Jonathan le dijo que si, pero cruzo los dedos detrás de su espalda.



Al caer la noche Jonathan, Clark y Pete fueron a la feria. Smallville era una comunidad tan pequeña que las ferias casi no los visitaban. La última feria había estado hacía unos 5 o 6 años antes de que Clark arribara. Por lo mismo, todo Smallville estaba volcado en ella.



Al llegar, lo primero que vio Clark fue un impresionante circulo de metal, enorme, que llegaba hasta el cielo.

- ¿Esa es la maquina que nos hace volar pa?

- No te hace volar, pero si te acerca bastante al cielo, dijo Jonathan.

- ¿Y como se llama? Pregunto Pete.

- Rueda de la fortuna.

- ¿Nos podemos subir? Pregunto Clark.

- Por supuesto, hijo. ¿A que crees que hemos venido entonces?



Clark, Pete y Jonathan se subieron, no nada mas a la rueda de la fortuna, también lo hicieron a los autos chocones, a las sillas voladoras y a las tazas locas. De este último Pete salió un poco mareado. También jugaron a los dardos, donde Clark gano un bonito oso de peluche que decidió llevarle a su madre, y Jonathan probo su fuerza en una maquina y logro que le regalaran una bolsa de cacahuates. Cuando entraron a la casa de los espejos Clark y Pete rieron como nunca lo había hecho, viéndose mas gordos o mas flacos, mas altos o mas pequeños. Pero al salir de ahí vieron algo que les llamo mucho la atención.

- Mira papa, ahí dice que es el espectáculo de fenómenos. Te aseguro que ahí esta el hombre del espacio. ¿Podemos ir?

- Ya te he dicho que no hay ningún extraterrestre ni aquí ni en ningún otro lugar Clark. Ademas, le prometí a tu mama que no irías a ver nada que te causara pesadillas en la noche.

- Pero papa, por favor, por favor, por favor, por favor.

Pete, que todavía seguía riéndose por las divertidas visiones de la casa de los espejos se unió a la suplica.

- Esta bien, pero bajo dos condiciones. La primera. No le puedes decir a tu mama que entramos. Nunca. Si lo haces jamas te volveré a llevar a ningún lado. Lo mismo va para ti Pete, ni una palabra de esto a tus padres.

- Esta bien, papa.

- Si, esta bien señor Kent. Ni una palabra, mis labios están sellados.

- Excelente. Ahora, la segunda. En el momento en que yo diga que es momento de irnos, es momento de irnos. ¿Esta bien?

- Esta bien, dijeron ambos a la vez.



Al entrar a la carpa se desilusionaron un poco.

- ¿Sasha el perro bailarín? ¿Max el muñeco nazi? Que clase de tomadura de pelo es esta dijo Clark. Yo pensé que habría seres de otros planetas.

- Ya te había advertido que eso no existe, Clark. De una buena vez deberías de dejar de insistir en ello.

Apenas había dicho esto cuando un señor se les acerco. No era muy alto, tenía el cabello negro y bigote.

- Buenas noches buen hombre. Niños. Soy el profesor Bliss, dueño de esta feria.

- Mucho gusto, profesor. Jonathan Kent para servirle.

- Encantado, encantado. Estaba parado ahí y no pude dejar de oír que el chico quiere ver a un ser extraterrestre.

- Así es, dijo Clark.

- El quiere ver uno, pero ya le he dicho yo en contadas ocasiones que no hay nada remotamente parecido a seres extraterrestres, ahora, si nos disculpa, creo que iremos por una manzana acaramelada.

- Espere un segundo señor Kent. En verdad tengo un ser extraterrestre en esta carpa. Pero la verdad es que no lo presento a todo el publico. Sabe, si el gobierno se llega a enterar de esto, me lo podrían quitar. ¿No es usted un miembro de el FBI o algo parecido, verdad?

- Por supuesto que no. Niños vámonos.

- Pero papa, por favor, solo un segundo, por favor.

- Por favor señor Kent, por favor, dijo también Pete. Solo una mirada y nos vamos.

- ¿Que habíamos acordado niños?

- Pero papa, solo una mirada, por favor.

- Esta bien, solo una mirada. ¿Tenemos que pagarle algo extra profesor?

- Por supuesto que no, todo sea por complacer a los niños.



Caminaron al fondo de la carpa hasta que llegaron a una puerta de metal. El profesor Bliss se percato de que nadie los veía y saco una llave del bolsillo. Abrió la puerta y les dijo.

- Estén preparados, lo que verán aquí jamas lo volverán a ver en su vida.

Clark no podía creer lo que veía. Era una visión horripilante. Detrás de la puerta se encontraba lo que parecía ser un ser humano con la piel azul y el cabello rojo. Estaba demasiado delgado y daba la impresión que tenía unos 100 años o mas. Se encontraba atado por una cadena al cuello y otras mas en los brazos y piernas.

- ¿En verdad es necesario que lo tenga tan encadenado? pregunto Jonathan.

- Si no estuviera así, correría el riesgo de que huyera, señor Kent.

En ese momento el extraño ser dio un grito, era una especie de sonido gutural que jamas habían oído ni Jonathan ni los niños.

- Creo que ya es suficiente, dijo el profesor. ¿Ahora creen que hay extraterrestres?

- Yo siempre lo creí, dijo Clark.

- Bueno, ya, es momento de irnos, dijo Jonathan. Muchas gracias profesor.



Al salir de ahí los chicos discutían si el ser que habían visto era un extraterrestre o no. Clark decía que si, pero Pete pensaba que era una persona pintada de azul. Después de un rato discutiendo Jonathan les compro un algodón de azúcar a cada uno y se les olvido el extraterrestre. En el camino a casa Jonathan les volvió a recordar que no podían decir una palabra a nadie de lo que habían visto ahí.



Habían pasado muchos años, pero Clark seguía regresando a Smallville en el aniversario de la muerte de su padre. Era una especie de homenaje y a la vez remembranza de aquel momento. Este año en particular era diferente. En Smallville había una feria, bastante parecida a la que hacía ya muchos años su padre lo había llevado a conocer. En ese momento Clark recordó al hombre azul que vio en la carpa de fenómenos. ¿En verdad sería un extraterrestre, o como decía Pete, era solo un hombre pintado? Nunca lo sabre, pensó.



Estaba listo para retirarse cuando volteo al cielo y lo vio. El cielo estaba estrellado como en esa época. Estrellas que no se veían normalmente en Smallville se podían ver a simple vista. - Papa, como te extraño, dijo, pero todas las veces que vea esa estrella azul en el cielo me acordare de ti y esa primera vez que fuimos a la feria juntos. Sabes, jamas le conté a nadie lo que vi en esa carpa esa noche. Eser era nuestro secreto. Gracias por todo lo que hiciste por mi. Gracias, porque fuiste el mejor padre que un hijo pudiera desear. Gracias en verdad.



Fin.

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