viernes, 23 de diciembre de 2011

Reality check.


La película 25th Hour de Spike Lee tiene una escena que me sigue poniendo la carne de gallina y que en su momento me pareció el más extraño homenaje cinematográfico a los caídos del 9/11: Frank, interpretado por Philip Seymour Hoffman, llega al departamento de su amigo. De pronto se asoma a la ventana y descubre que la misma da justo hacia ground zero. La escena como digo, me pareció un extraño homenaje y totalmente fuera de lugar. En una segunda reflexión creo que pone en contexto la ficción de la historia: tal vez Spike Lee quería mostrarnos, además de su amor por NY, que todo problema tiene solución, menos la muerte.

Falange fue quien me enseñó que toda obra de ficción funciona dentro de su propia lógica y por lo tanto tiene límites muy concretos. Esto hace que cualquier explicación en el mundo real sobre alguna obra de ficción, salga sobrando: por eso es que James Bond no tiene cirrosis ni ha contraído alguna enfermedad venérea. En su mundo las mujeres se entregan con cruzar un par de palabras con ellas y se seguirán entregando, hasta que las presiones de algún grupo feminista no nos venga a dar al traste con la bonita tradición, tal y como sucedió con su afición por el tabaco.

A propósito de una columna de Jim Shooter sobre comics y las drogas, el exEiC de Marvel escribió:

“However, I have seen a lot of stories involving drugs since. Generally, it seems to me that they are dorkier and more comic-booky than “Forbidden Fruit” as published, in my opinion. The addicts are caricatures, the pushers are caricatures, the effects of the drugs are either cartoony-bad or cartoony-beneficial, giving the user unbelievable stamina, strength or imperviousness to pain. Sorry Frank.

The portrayal of drug use in comics is one of our great failings. One of the reasons that Big Entertainment Media laugh at us. Not that they often get it right.”



Me parece que la razón de que los comics de superhéroes hayan fallado en tal análisis es por la propia lógica del medio: en un mundo en donde existe una Liga de la Justicia con extraterrestres y Amazonas capaces de impedir una invasión cósmica; en un universo en donde un dios exiliado puede dominar los elementos y la humanidad pareciera al borde de la extinción, los problemas del mundo real están totalmente fuera de contexto.

Por mas complejas que se hayan vuelto las historias de los últimos 30 años, por mas Watchmens, y Born Agains y Ultimates, estamos en presencia de un medio que sigue teniendo blancos y negros, matizados por grises, tal vez, pero blancos y negros. Sus dos premisas fundamentales son: hay buenos y hay malos y estos buenos y malos son superiores al hombre promedio. Y así no funciona el mundo real.

Cuando ocurrió 9/11, Marvel Comics estaba entre la espada y la pared: no pronunciarse al respecto, luego de que todos sus personajes interactúan en Nueva York o sacar una historia que seguramente defraudaría a todos. Optaron por lo segundo. El número de Amazing Spider-Man fue criticado por, entre otras cosas, mostrar al tiránico Dr. Doom llorando ante las devastadas torres, pero creo que lo que nos dejó insatisfechos fue ese choque de realidad con la fantasía: no hay forma, simplemente no hay manera de que héroes que han evitado una y otra vez el desmembramiento del universo no pudieran evitar una catástrofe como 9/11. Desafortunadamente, Spider-man es una obra de ficción, vive en nueva York del universo 616, y ese universo es ajeno al nuestro.

Algunos escritores han llegado a la idea de que Superman, influido por Jor-El ha prometido “no interferir con los asuntos de los humanos”-lo que sea que eso significa- lo cual, si leemos casi cualquier historia de Superman es tonto, pues mas de la mitad de sus enemigos terminan siendo eso: humanos. No hay escritor entonces que pueda hacernos entender porqué Superman no acaba de una buena vez con la hambruna.

Peter David suele enfrentar a sus personajes con problemas del “mundo real” (política, religión, racismo, homofobia, etc.). Aquél número donde Hulk tiene la posibilidad de salvar a su amigo con SIDA donándole un poco de sangre radioactiva; aquél otro en donde podría evitar la creación de un nuevo genocida, esta vez de raza Judía. Al final sus personajes demuestran su frustración y su incapacidad para lidiar con estos problemas: Spider-Man golpea casi hasta la muerte a Stan Carter tras descubrir que es Sin Eater. La siguiente vez que vemos a Stan, está casi paralitico. Mientras, en el mundo de Batman, Joker asesina a cientos sólo para escapar de Arkham, deja inválida a Babs y asesina a Jason Todd, el murciélago sólo lo devuelve a su celda y aprieta los dientes. La lógica en el comic funciona: siendo una serie que ha permanecido por mas de 70 años, Batman no puede darse el lujo de asesinar a sus villanos estrella. Dark Knight casi me convence que esa “inocencia” que según Denny O’Neil tiene el personaje le impediría cometer él mismo un crimen. En la vida real, Batman reaccionaría por lo menos con la misma furia que Spider-Man, y Bullock o hasta Gordon ya habrían puesto una bala en la cabeza del payaso psicótico.

¿Que solución por tanto puede darnos Captain America o Spider-man al terrorismo? ¿Cuál es la disyuntiva moral que trata de resolver Peter David cuando coloca a Hulk en esa difícil posición que incluso contradice la creación de She-Hulk? Quiero pensar que lo que está de fondo es provocar la reflexión del lector, porque al final, la actitud de todos estos héroes es un gran “no puedo”, “no sé lidiar con esto”; o tal vez esa sea la actitud mas humana que puedan tener.

No creo que el universo de los superhéroes sea un buen lugar para predicar sobre los problemas difíciles del mundo real, porque para dichos problemas, la respuesta generalmente no está en blanco y negro.