miércoles, 23 de noviembre de 2011

Comics y Piratería.

Estaba leyendo una opinión (medio en broma, medio en serio) de cómo la culpa de la piratería de comics recae en Paul Levitz. La opinión que, como suele suceder con todo lo que termino leyendo en Internet, no es nueva, recuenta como Levitz, entonces Publisher de DC Comics ordenó el retiro de circulación de un número de Elseworlds que contenía una historia mostrando en formas pocas apropiadas (según él) a la familia Kent. El retiro ocasionó que las pocas copias que existían fueran escaneadas y circularan libremente vía Torrent. Según el comentarista, se dio el efecto Streisand, según el cual mientras más quieres impedir la libre circulación de una idea o imagen vía Internet, más se difunde (algo similar a lo que sucedió aquí con El Crimen del Padre Amaro, Presunto Culpable y demás etc.)

Definitivamente no estoy de acuerdo con la afirmación (repito, medio en broma) de que Levitz es causante de la piratería en Internet, pero me quedo con una idea de la opinión: “en el momento que un eslabón de la cadena de distribución falla, la piratería se dispara”.

Como abogado de PI, estoy entrenado para saber que no existe justificación alguna para adquirir un producto apócrifo. En el tema de infracción de marcas no existe tanto problema, el consenso en general parece inclinarse a favor de quienes defienden este tipo de privilegios exclusivos; ¿en el tema de Derechos de Autor? Muy poca gente está de acuerdo. Muchos señalan que el cobrar regalías es “ponerle precio a la cultura” (idea surgida, irónicamente de la frase “el disco es cultura”, con la cual la industria pretendía hacer consciencia de que sin autores de música seríamos un pueblo mas inculto); he escuchado a empresarios y altos ejecutivos, gente que en principio debería saber el valor de una idea, quejándose cada que la Business Software Alliance tiene a bien enviar una carta obligándolos a pagar la licencia de programas de cómputo, casi pareciera que el villano es Microsoft por pretender cobrar por el uso del software que desarrollan. Estoy seguro que si el consenso general no fuera que Todd McFarlane destruyó a la industria, más gente vería a Neil Gaiman como el villano usurero que osó demandar al pobre empresario. Yo mismo me he justificado el hacerme llegar de películas “enlatadas” por sus creadores (aún y cuando un derecho moral es precisamente la facultad de retirar la obra del mercado) o de difícil acceso en México.

Estamos entonces en presencia del “deber ser” frente al “ser”: el “deber ser”, que esgrimen las sociedades de gestión colectiva es que los derechos morales y patrimoniales se deben de respetar por encima de todo (siendo los primeros el derecho sobre la obra y los segundos el derecho sobre las regalías), “el ser” es la poca consciencia que hay hacia el respeto a los mismos. Y es precisamente por esa falta de consciencia, que cada industria (música, comics, películas, etc.) debe hacer una revisión autocrítica de su cadena de distribución. Por lo que es tiempo de asumir las culpas que cada parte tiene.

Hace tiempo en el foro me refería a la industria de la música y a la inminente necesidad de bajas los precios de los discos. Esto ya es una realidad. Me precio de que las descargas ilegales de música que he realizado en mi vida no llegan a mas de una, y que he pagado por cada canción que poseo en mi computadora. Tengo una nutrida colección de discos, y he de confesar que llegué a pagar hasta 600 pesos por un CD de importación, así que recuerdo perfectamente cuando un disco nuevo llegaba a costar hasta 350 pesos, hace menos de 5 años. Corte a este otoño en donde MixUp ofrece todos los CD´s nacionales a 99 pesos. ¿Qué sucedió? Por fin la industria disquera fue rebasada por la realidad: la gente no está dispuesta a pagar por una envoltura bonita si el contenido suena igual a una descarga “gratis” en Internet.

El “deber ser” es que absolutamente todo pirata debe terminar en la cárcel. El “ser” es que existe poca voluntad política para dotar a los órganos administrativos y jurisdiccionales correspondientes de herramientas necesarias para combatir este mal: resulta impopular ser anti-pirata. Es políticamente incorrecto.

Es por eso que sostengo que son las empresas interesadas en estos temas las que “deben” renovarse o morir. En EUA, Blockbuster es cosa del pasado, Borders se declaró en bancarrota y es mas fácil encontrar un fonógrafo vintage que un CD en las tiendas. En México Blockbuster y la industria disquera han pasado años cobrando excesivamente por sus productos. La prueba es que pueden llegar negocios como NetFlix o iTunes y ofrecer el mismo contenido a un precio mucho menor (no fue la piratería la que bajó los precios de los discos, fue iTunes). No sé que tan cierto sea, pero he escuchado que el negocio de Blockbuster son los recargos por entrega tardía, no las rentas.

El “deber ser” es que estas empresas deberían cobrar lo justo por sus productos. El “ser” es que mientras lo pudieron soportar se sirvieron con la cuchara grande, abusando de quienes queríamos “apoyar a la industria” comprando producto original. Hoy ya no compro un disco físico ni por error. Una causa es la falta de espacio, pero la más importante es lo barato que resulta comprar álbumes completos en iTunes. Si tuviera forma de conectarme a internet en la recamara sin peligro de tirar la laptop o la tele, seguramente ya habría cancelado mi suscripción a Blockbuster.

Los comics son la siguiente gran industria cuya presencia física se va a terminar. Casi podría apostar que pronto, serán una industria cuyo material nuevo será totalmente rebasado por reimpresiones (el primer paso es la enorme cantidad de colecciones que tenemos hoy en día). Como la industria de la música nos demuestra, es mas barato reciclar que pagar creativos para crear material nuevo; amén de que las empresas que ostentan los derechos de los personajes, Warner y Disney, están mas ocupadas en trasladar a sus personajes a otros medios y al licensing que en realmente renovar su base de lectores. Contrario a otras décadas, los propietarios de los personajes no están interesados en mantener viva a la industria.

DC relanza su línea si, pero esto es un paliativo que contiene exactamente los mismos vicios que mermaron a la industria hace diez años, prueba de ello es la facilidad con la que una tienda puede especular con los números 1, primera impresión, que a pesar de ser 52, son escasos en copias; la cantidad de portadas especiales y demás artilugios propios de la época mas especulativa y la cantidad de títulos que cargan una continuidad mas enmarañada que lo que existía antes. ¿Alguno de ustedes ha visto alguno de los 52 números en otro lugar que no sea el mercado directo o Internet? ¿Hay siquiera newsstand editions de éste material?

Una industria, que antaño se preciaba de ser un medio de entretenimiento barato, se ha vuelto un comodity: con dos comics te compras un CD. Es mas barato rentar una película de dos horas y media que comprar el nuevo número de Jeph Loeb que se lee en 5 minutos. Vid quiebra y a DC parece no urgirle encontrar un nuevo licenciatario en México.

Nada ha aprendido la industria. Su reflejo tardío es firmar contratos exclusividad con tablets y dispositivos electrónicos, que poco valor real tienen para los fans que desde hace años se han acostumbrado a buscar material que es inaccesible físicamente, en torrents. ¿Porqué pagar por algo que nos hemos acostumbrado a consumir gratis?

La culpa entonces no es de Paul Levitz directamente. Pero si es de todos los involucrados en la cadena de distribución: desde los creativos con sus aires de grandeza y superioridad, hasta la tienda que se sabe monopolio y lo asume con singular alegría para exprimir a los pobres despistados que aún siguen esperanzados en que este Action Comics No. 1 sí los va a sacar de pobres mas adelante. Desde el conglomerado cuyo interés es la ganancia por encima de la historia, hasta el dependiente que maltrata a sus clientes no habituales porque “seguramente no va a comprar nada”.

Todos ellos nos gritan que debemos respetar el “deber ser”, no se han dado cuenta que gracias a que sus abusos pisotearon ese “deber ser” en el pasado, el “ser” los ha rebasado hace mucho tiempo.