domingo, 30 de octubre de 2011

CC Archivo: Cuento para concurso lado oscuro (Oct-2009)


LA NOCHE ANTERIOR.

El murciélago no recuerda qué sucedió la noche anterior. Despierta en un callejón que no reconoce con dolor intenso en los huesos y el sabor ferroso de la sangre en la boca.

El traje pesa demasiado (“siempre sospeché que pesaría demasiado”), con el chaleco de kevlar y los gadgets alrededor de la cintura. Con esa mascara llena de circuitos (“en serio, ¿Cómo puede ver con todo esto?”).

La noche anterior.

Como puede se incorpora. Los guantes estorban y se resbalan al tratar de asirse a la pared (“yo no estaba aquí la noche anterior”). Al segundo intento, prefiere arrancarse el guante y una sudorosa mano revela mas uñas rotas de las que puede soportar ver.

La noche anterior. Si tan solo recordara…

(Iba en el auto…había dejado la oficina y escuchaba cualquier cosa en la radio). Por fin se cansa de la capa, es demasiado (“¿Cómo rayos me deshago de la capa?”) dando tirones trata infructuosamente de quitarse el collarín protector que le rodea el cuello (“me asfixia!”), pero resulta que el cuello está unido al chaleco kevlar y a quien sabe que mas. Se apoya con la espalda en la pared (“cómo me duele la espalda!”).

La noche anterior.

(En el coche iba pensando ya en el día de mañana, en los pendientes que dejó en el trabajo. En la mejor estrategia para por fin cerrar aquel caso). El callejón está mojado (“¡entonces comenzó la tormenta!”), el olor a humedad se funde con la putrefacción de la basura. Tiene el cuerpo molido y ya no quiere por vida de Dios, estar dentro del disfraz (“¿Qué estaba haciendo cuando comenzó la tormenta?”).

Comienza a gritar, a pedir ayuda, pero los callejones son mas solitarios de lo que supondría, además, razona, quien sabe qué clase de gente se esconde en la oscuridad a estas horas.

La noche anterior.

(Comenzó la tormenta. Los limpiaparabrisas no funcionan bien y apenas ve. Piensa en que no funcionaron durante toda la temporada de lluvias, por la desidia de pararse en una gasolinera a cambiarlos).

En silencio avanza por el callejón (“manejaba cuando empezó la tormenta”).

(En un instante comenzaron los truenos y la lluvia torrencial. “Pensé en llamar a mi esposa, pero al sacar el teléfono se me cayó de las manos y fue a dar bajo el asiento del conductor”). En el callejón escucha un ruido: de entre la oscuridad aparece un grupo de pandilleros (“curioso”), piensa, mientras observa que todos traen la cara pintada como payasos de circo (“y sin embargo algo me resulta familiar en ellos”).

“Aquí está el murciélago!” gritan.

La noche anterior.

(“Intenté buscar el aparato bajo el asiento pero me di cuenta que era imposible sacarlo. Ya lo sacaré llegando a casa…sólo que nunca llegué”) Frena para no estamparse con el de adelante y entonces lo nota: los cielos están rojos. La tormenta es de un color escarlata (“recuerdo como me dio pánico. Pensé que el mundo se acabaría”). Y entonces…cayó el rayo.

En el callejón, el hombre vestido de murciélago grita y escucho mi propia voz pidiendo auxilio nuevamente. (“Esto debe ser un error. Un maldito error. Yo sólo soy un hombre. Un abogado, con esposa e hijos. ¿Por qué querrían estos tipos matarme?”). Entonces recuerdo porque me parecen conocidos: todas esas tardes leyendo Batman, ya debería reconocerlos. Son los compinches de Joker.

Antes de recibir un disparo en la nuca observo un periódico en el callejón con el siguiente encabezado: “FINAL CRISIS ENDS. BATMAN M.I.A.”

Muero sin jamás comprender su significado.

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